Quinta carta: las características

Querido Baxter:

como quizá hayas oído (esto es un patio muy pequeño) en estos días se incorporan los nuevos/as residentes. Me siento un poco “cebolleta” al volver la vista atrás y ver (con más dioptrías) cómo he cambiado desde que me incorporé a aprender el negocio. Los nervios de las guardias (que sigo teniendo aunque más controlados), el querer aprender todo, el “deslumbre” por las luces hospitalarias, el crecer en autoestima hasta volverme un “talibán de la primaria”, tanta gente, lugares y cosas nuevas…

Aún así hay muchas algunas preguntas que me hago casi cada día, y en relación con la incorporación de los nuevos/as MIR concretamente una…. “¿Qué ha de tener un/a buen/a Residente?”.

Hay gente que piensa que conocimientos, otros que habilidades, otros que resistencia/resiliencia física (por lo de trabajar sin librar las guardias… y no morir ni matar en el intento), algunos me dicen que “capacidad de trabajo” o “curiosidad”….

¿Y tú mi apreciado Baxter, qué opinas que debe tener un/a buen/a residente?

Esperando tu respuesta me despido, póngame a los pies de su señora

Atentamente

Perry

______

Estimado Perry

le preguntas al olmo viejo sobre lo que tienen que tener los perales. Complicado, pero lo intentaré.

Hay que tener voluntad de ser peral. No todos los perales jóvenes la tienen. Algunos hubieran preferido ser manzanos o nísperos, o palmeras cocoteras. Hay de todo. Pero es difícil que el que no quería ser peral, o ni siquiera quería dar fruta si no ser, por ejemplo un árbol del amor bonito y ornamental pero fundamentalmente inútil, acabe dando buenas peras.

De la voluntad de ser peral nacerán, creo yo, otras virtudes. Algunos defectos también, pero no abundaré en ellos. Se los dejo a los que diseñan estrategias y grupos de trabajo, que los encuentran sin pausa. El objetivo de un buen peral es dar peras. Las mejores posibles teniendo en cuenta el clima en el que viva, el regímen de pluviosidad, los cuidados del horticultor y la voracidad de hongos, moscas de la fruta, ácaros y piojos. Deberá centrarse en la calidad de sus peras, olvidando otros propósitos (usos estéticos, modas gastronómicas) que pueden resultar óptimos en otros tipos de frutales pero son supérfluos y acabarán siendo dañinos para nuestro honrado peral.

Sin duda descubrirá que hay diferentes variedades de perales. Sobre eso puede hacer poco, por que no hay injerto que valga. Limonera, conferencia o de San Juan, una vez descubra cual es su variedad no podrá cambiarla. Cuanto mejor lo asuma, y se conozca, y sepa que siempre será así, más problemas, agotamientos de reservas minerales y quemaduras sufrirá.

Para mejorar su calidad organoléptica y nutritiva deberá estar atento a las novedades que la moderna horticultura le ofrece. No debe caer en el error de querer aplicarlas todas a la vez. Debe ser capaz de evaluarlas críticamente, ver su efecto en otros campos, adaptarlas a sus condiciones. Desechará las inútiles, pero cuando encuentre nuevas técnicas que sean realmente convenientes para él, será pesado y tocapistilos hasta conseguir aplicarlas.

Le convendrá mantener una buena relación con los perales viejos. No es necesaria la amistad pero sí el respeto. Así podrá fijarse en los modelos de crecimiento y poda que tienen los perales para poder elegir el suyo, detectando los errores de crecimiento que desee evitar, adquiriendo experiencia para ser capaz de crecer hacia el sol y hacia el agua. Dentro de esa buena relación el peral jóven no debe tener reparos en hacer ver, con la discrección y los fundamentos oportunos, las contradicciones de los perales viejos, y cuestionarles sus elecciones. Que el peral viejo discurra, dude y tartamudee en voz alta (o como demonios discurran los perales, quizá abandonando sus ramas a la voluntad del viento levante para agitar y rozar sus hojas, o dejando que los gorriones brinquen entre su follaje y aleteen y píen con un mosquito y una miga en el pico, realmente no lo sé) sobre sus costumbres solo puede ser bueno para el desarrollo del jóven.

¿Debe ser resistente? ¿Resiliente? ¿Curioso? ¿Trabajador? Claro, igual que el ciruelo o el nogal. En eso no se deben diferenciar. Lo que no debe perder de vista es su condición de peral. ¿Te imaginas un peral disfrazado de aguacatero? ¿O un peral empeñado en dar papayas? De esos intentos solo salen monstruos inmunes a los insectos con frutos de piel inmaculada y pulpa firme e incomestible.

¿Te he contestado? Tú verás, yo creo, críptica y socarronamente, que sí. Pero, cambiando de tema y volviendo a la fauna, me surge una pregunta. A los ojos de un residente ¿qué debe tener un tutor?

Espero tu respuesta a la sombra de mi limonero. Recuerdos de mi señora.

Baxter

 

 

 

 

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